Pieza del mes mayo 2011

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  • Ficha técnica
    • ADÁN DESPUÉS DEL PECADO Y LA VICTORIA O EL VENCIDO

      Introducción

      ADÁN DESPUÉS DEL PECADO Y LA VICTORIA O EL VENCIDO

      Custodiadas en el Ateneo de Madrid durante más de un siglo, estas esculturas fueron realizadas en la Academia de España en Roma por los escultores pensionados Eduardo Barrón y Agustín Querol en 1885. Enviadas a Madrid en 1888 fueron a parar al Ateneo de Madrid – el edificio de la calle del Prado, inaugurado en 1884, seguía decorando sus estancias con obras de arte– muy posiblemente por influencias del pintor Vicente Palmaroli y del político Cánovas del Castillo, socios de la docta casa y muy activos para con la misma.

      Estos dos grandes bronces, originalmente realizados en yeso y que custodian la escalinata de acceso al Ateneo de Madrid, quedan documentados desde 1886 con su aparición en el catálogo de las obras que la Academia de España remite al ministro de Estado hasta que, el 26 de diciembre de 1888 y por emisión de Real Orden, las obras pasarán a ser depositadas en el Ateneo de Madrid una vez llegadas a la capital española desde Roma. El 14 de enero de 1889 será la docta casa quien acuse recibo al ministro de Estado sobre la recepción de las obras. Será el Ateneo quien custodie estos yesos hasta su vaciado en bronce y cesión a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en el año 2003.

      Conocidos por los apodos del “opositor suspendido” o “antes de tomarse la aspirina” en referencia al Adán y el “opositor aprobado” o “después de tomarse la aspirina” en referencia a la Victoria, erguidos e inalterables al paso del tiempo sus siluetas siguen recortándose sobre las paredes de la escalinata de acceso al Ateneo de Madrid.

      Dentro de las tendencias escultóricas de finales del siglo XIX, aún con un marcado neoclasicismo, estas dos piezas presentan claras influencias de la escuela romana del siglo XVI evidenciadas en las rotundas anatomías que presenta, vigorosas, fuertes y rotundas, muy a la manera de las formas de hacer del propio Miguel Ángel. El buen estudio anatómico de las mismas y la forma de presentarlo –huyendo de artificios– dan fe de un modelado minucioso y excepcional en ambas, donde la anatomía retiene la luz en la medida justa, sin crear grandes sombras que perjudiquen o hagan abrupta la superficie, resaltando aún más un suave modelado que construye de forma continua los volúmenes.

      La representación de Adán después del pecado en un acusado contraposto, cabizbajo y apesadumbrado, acentúa en la figura el peso emocional del momento con una carga de turbación reflejada en dos simples gestos: la mano que le cubre el rostro y la mano que, escondida tras él, intenta ocultar la manzana. Es precisamente la acción de encubrir el hecho la que ofrece y refuerza el dramatismo de la figura, así como el aplomo del cuerpo huyendo de la verticalidad y marcando un movimiento sinuoso que amenaza con desplomarse sobre el espectador. La falta de vigor, ímpetu y confianza tras el dramático momento, queda patente en la contención a la que Barrón somete a la figura, cuyos miembros no se separan del cuerpo y acentúan así la línea ascendente y las influencias del clasicismo escultórico en su más puro estado.

      En actitud contraria al Adán después del pecado se encuentra La Victoria, donde la fuerza, el ímpetu, la osadía y la grandeza del momento adquieren presencia en la exaltación que el artista imprime al despliegue espacial de la figura, la cual no queda contenida, sino proyectada hacia el exterior, invadiendo el espacio del espectador con sus brazos y los elementos que porta en sus manos: la espada y la Victoria alada. El contraposto de la figura, acusado y en claro movimiento helicoidal, nos lleva hacia su rostro, donde la serenidad es patente y protagonista. Una mirada ascendente, despegada de lo terrenal y perdida en el espacio marca una abrupta diferencia entre el cuerpo y el alma. Es aquí donde entra en juego el otro apelativo que recibe esta obra: el Vencido. En un análisis más profundo de la obra, y tomando como referencia los símbolos que porta la figura, quizá sería más adecuado referirnos a ésta como el Vencido. La espada rota hace clara referencia al símbolo del vencido, al perdedor en la batalla; el arma se sitúa en bajo, no siendo blandida en actitud triunfal. Por otro lado, la figura de la Victoria alada que porta en su otra mano parece ser ofrecida, no recibida, algo que queda reflejado en como aparta la mirada de la misma mientras que los ojos se clavan en el infinito y no exentos de cierto anhelo.

      Quizá la elección de ambas figuras no esté exenta de ofrecer al espectador dos visiones diferentes de un mismo estado de ánimo o sentimiento: el orgullo. Entendido éste, el orgullo, en su ausencia y en su presencia, en el comportamiento por la satisfacción en el acto realizado y la valoración propia del hecho acontecido.

      Eduardo Barrón González (Moraleja del Vino, Zamora, 1858 - Madrid, 1911). Desde 1877 a 1881 cursa estudios en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado, siendo premiado con una beca en Roma por la Diputación de Zamora, beca que revalida con la Academia de Bellas Artes al obtener el primer premio de escultura en 1884. Tras su regreso a España participará en la decoración de numerosos edificios –como su intervención en la Escuela de Minas de Madrid– siendo un considerado y reputado artista en el campo de la escultura. En 1910, un año antes de su fallecimiento, fue nombrado Académico electo.

      Agustín Querol Subirats (Tortosa, Tarragona, 1863 – Madrid, 1909). Comienza su formación artística trabajando desde niño con diversos escultores, entre los que destacarán los Vallmitjana, antes de pasar a cursas sus estudios artísticos en La Lonja de Barcelona. Tras su paso por la Academia de España en Roma –donde comparte espacio y tiempo con Barrón– regresará a España ubicándose en la ciudad de Madrid en 1887 y bajo la protección del político Cánovas del Castillo. Pronto destacó como uno de los escultores más solicitados de la época con importantes encargos como el frontón de la Biblioteca Nacional y varios monumentos para el ornato de la ciudad, lo que contribuyó a su fama fuera de las fronteras españolas.

      Autor:
      Eduardo Barrón González (Moraleja del Vino, Zamora, 1858 - Madrid, 1911).
      Agustín Querol Subirats (Tortosa, Tarragona, 1863 – Madrid, 1909).

      Cronología: 1885 (ambas piezas).

      Técnica: vaciado en bronce a la cera perdida.

      Medidas:
      Adán después del pecado: 210 x 70 x 80 centímetros.
      La Victoria o el Vencido: 247 x 80 x 133 centímetros.

      Firmas o inscripciones:
      Adán después del pecado: E. Barrón (esgrafiado en la base, lateral izquierdo).
      La Victoria o el Vencido: A. Querol. Roma (esgrafiado en la base, lateral izquierdo).

      Contexto cultural o estilo: escultura española del siglo XIX.

      Exposiciones: no.

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